Aprovechar los beneficios de la dieta mediterránea
SECRETOS PARA ADELGAZAR SIN RIESGO
El verano acarrea, además de las vacaciones, los escotes, la ropa ligera y el bañador. Son innumerables los buenos propósitos y las buenas intenciones que permitirán lucir un esbelto cuerpo antes las atónitas miradas de transeúntes. Sin embargo, la panacea inmediata no existe, igual que las dietas milagrosas que permiten bajar esos kilos de más en un tiempo récord. Es más, los regímenes sin control y sin criterio pueden tener consecuencias más drásticas que una desilusión, pueden dañar drásticamente la salud. La sabiduría de la dieta mediterránea permite seguir una alimentación equilibrada con todos los nutrientes necesarios.
La obesidad es el resultado de una mala alimentación, convirtiéndose en un gran problema dietético, psicológico y social muy frecuente en los países civilizados.
En Iberoamérica afecta al 30 por ciento de la población general y, de éstos, el 10 por ciento padecen obesidad mórbida o grave.
Lo peor es que las estadísticas demuestran que en los niños en el siglo XXI han aumentado la cifra de obesos año a año. Y mucho tiene que ver en ello la comida basura y su falta de regulación de Suramérica, la televisión, los juegos de video, internet y la vida sedentaria.
La obesidad se produce, descartando las enfermedades endocrino-metabólicas, como resultado de una ingesta en cantidad o calidad superior a las necesidades del individuo. El resultado es que la persona ingiere más calorías de las que quema y se almacenan en el cuerpo en forma de grasa.
Para saber exactamente si una persona tiene obesidad patológica o no, y su grado, el médico divide el peso del paciente por la talla en metros al cuadrado, obteniendo un número denominado Índice de Masa Corporal:
| IMC = | Peso
Talla (en metros)2 |
Para saber si una persona está obesa se atiende al índice de masa corporal. Se considera un paciente de peso normal cuando tiene un índice de masa corporal inferior a 25. Cuando el índice de masa corporal está entre 25 y 30 consideramos que existe un sobrepeso. Si está entre 30 y 35 estamos ante un obeso patológico; entre 35 y 40 se trata de obesidad grave y por encima de 40 se considera la obesidad como mórbida.
Generalmente, todas las personas que acuden a una consulta médica por problemas de obesidad, han sufrido ya uno o más regímenes hipocalóricos para intentar el adelgazamiento.
Problemas que conlleva la obesidad
Un índice de masa corporal superior a 40 es lo que la Sociedad Americana de Cirugía de la Obesidad considera obesidad mórbida.
En estos pacientes los riesgos de problemas respiratorios, circulatorios, endocrinos, cardíacos, de padecer cáncer de mama y mortalidad (1 año menos de vida por cada 10 Kg. de exceso de peso), son superiores a los riesgos que comporta una intervención quirúrgica tradicional, es decir, abriendo el paciente.
En los casos en que el índice de masa corporal está situado entre 30 y 40 es frecuente padecer enfermedades hepáticas, cardiológicas (infarto, hipertensión,...), articulares, metabólicas (diabetes). Todo ello aconseja la pérdida de peso y por lo tanto puede estar justificada la cirugía.
Cuando el Índice de Masa Corporal es inferior a 30, debe realizarse tratamiento dietético endocrinológico, como primera opción.
Pero los kilos de más conducen a otros problemas además de los físicos, no debemos olvidar las repercusiones psicológicas que implica: falta de autoestima, inseguridad, depresiones...
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Los beneficios de la dieta mediterránea
Varios estudios llevados acabo durante los últimos 30 años pusieron de manifiesto que los países de la cuenca mediterránea: España, Italia, Francia, Grecia y Portugal tenían un menor porcentaje de infarto de miocardio y una menor tasa de mortalidad por cáncer. Los investigadores, sorprendidos, buscaron las posibles causas, y descubrieron que la dieta tenía un papel fundamental. A partir de entonces, se empezó a hablar de la dieta mediterránea como un factor a tener en cuenta en la prevención de estas enfermedades
Tras este descubrimiento, los científicos fueron perfilando los elementos que definen la dieta mediterránea: pasta y arroz, verduras, legumbres, abundante fruta, aceite de oliva, poca carne y mucho pescado, pan integral, y todo sazonado con algunas especias como el ajo, el orégano, algo de pimienta, y pequeñas cantidades de buen vino.
En un principio no se sabía a ciencia cierta por qué funcionaba tan bien esta determinada combinación de alimentos. Pero, poco a poco, los nuevos descubrimientos en bioquímica y nutrición desvelaron los secretos de una sabiduría milenaria.
Aceite de oliva
En 1986, tras 15 años de trabajo con científicos de siete países diferentes, el profesor A. Keys hizo público el llamado Estudio de los siete países. Este trabajo demuestra que la presencia de ácidos grasos insaturados en la dieta disminuye el riesgo de padecer obstrucciones en las arterias del corazón. También puso de relieve la relación directa entre los niveles de colesterol en sangre y la incidencia de infarto de miocardio, y entre la cantidad de grasas saturadas y los niveles de colesterol. El aceite de oliva extra virgen, ampliamente utilizado en la dieta mediterránea, tiene un 80 por ciento de ácido oleico (monoinsaturado) y solo un 14 por ciento de ácidos grasos saturados.
No son éstas las únicas ventajas del aceite de oliva. A pesar de tener pocos ácidos grasos poliinsaturados, tiene la suficiente cantidad para cubrir las necesidades diarias mínimas (unos 10 gramos). Además, es más resistente a la oxidación (saturación de sus ácidos grasos) cuando se calienta que otros tipos de aceites vegetales, soportando sin cambios apreciables los 200 grados centígrados de temperatura, frente a los 100 grados centígrados de media que soportan los aceites de semillas. Esto implica que podemos freír los alimentos con aceite de oliva sin temer que sus ácidos grasos se saturen.
Pescados
Otra característica significativa de la dieta mediterránea es el reducido consumo de carnes en comparación con el de pescados. En los estudios llevados a cabo sobre los esquimales pobladores de Groenlandia se descubrió que la incidencia de enfermedades cardiovasculares en estas poblaciones era prácticamente nula. A pesar se que apenas consumían aceites vegetales, sus niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL) eran extremadamente bajos en comparación con los de lipoproteínas de alta densidad (HDL). El alto contenido de ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3 de los pescados grasos que consumían en grandes cantidades explicaron este hecho.
Frutas, legumbres, verduras, pastas y cereales integrales
También cabe destacar el alto consumo de pastas "al dente" y cereales integrales de la dieta mediterránea. Estos carbohidratos tienen un indice glucémico muy bajo. El índice glucémico refleja la relación entre la subida de glucosa en sangre producida por un hidrato de carbono cualquiera en comparación con la que produciría un aporte de las mismas calorías en forma de glucosa pura o pan blanco refinado. Es preferible que la glucosa se vaya liberando paulatinamente en la corriente sanguínea para conseguir una adecuada captación en las células y evitar así la formación de grasas, la acidosis y otros trastornos.
Los alimentos más recomendables por tener un índice glucémico menor son las legumbres, hortalizas, pasta italiana (al dente) y frutas, que son justamente los más abundantes en la dieta mediterránea. La fibra también tiene un papel fundamental en la regulación del índice glucémico al retener parte de los nutrientes y retardar su absorción.
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