El deporte en la edad adulta

La
actividad física es un componente inseparable de la forma de vida habitual en
el hombre, aunque en los últimos tiempos, y en especial en las sociedades
avanzadas tecnológicamente, cada vez es más difícil cumplir los requisitos mínimos
indispensables de ejercicio para que nuestra habilidad mecánica no se deteriore.
Afortunadamente,
los ciudadanos de las grandes urbes se han hecho más permeables a los consejos
de médicos, psicólogos, entrenadores, sociólogos y otros técnicos
preocupados por la salud y el bienestar de la comunidad; e incluso los políticos
se van sensibilizando progresivamente a los argumentos aportados por
investigadores y economistas de que el ejercicio físico, además de promover la
salud, ahorra cantidades ingentes de dinero al erario público y sufrimientos a
la población.
Uno
de los hechos más llamativos y diferenciadores entre los dos sexos lo
constituye sin duda alguna el papel reservado a las mujeres en la perpetuación
de la especie, lo que las obliga entre los 13 y los 45 años a soportar periódicamente
una hemorragia genital de diversa cuantía y duración (menstruación) y dos o
tres embarazos a lo largo de su vida.
El resto de las diferencias mantenidas con el sexo opuesto son muy poco importantes desde el punto de vista deportivo, aunque merecen alguna atención.
La composición corporal
Salvo en las medidas antropométricas (los hombres son más altos y pesados que las mujeres y poseen hombros más anchos y caderas más estrechas) y en el porcentaje de grasa corporal (21-28% en las mujeres y 10-16% en los hombres) no existen diferencias básicas en su constitución corporal, especialmente en lo que se refiere a los componentes esenciales como hueso, músculo, sangre y vísceras, salvo las relacionadas con el peso y la talla.
Sí es cierto que las hembras poseen una menor cantidad de hemoglobina (sustancia que transporta el oxígeno), cantidades más reducidas de glóbulos rojos, y menor concentración de andrógenos (hormona masculina).
En tanto que son más elevados los niveles de lipoproteínas de alta densidad (protectoras contra la arteriosclerosis) y los estrógenos (hormonas femeninas).
En las mujeres se observan con cierta frecuencia déficits
de hierro e incluso anemia, debido fundamentalmente a los
períodos menstruales y
a los embarazos.
La regulación de la temperatura corporal
Las grandes discusiones de tiempos pretéritos sobre si las mujeres soportaban mejor o peor que los hombres la actividad física en ambientes calurosos, parece haberse decantado a favor de las primeras, aunque no faltan publicaciones que aseguran el mismo rango de aclimatación para los dos sexos.
Es un hecho comprobado por la experiencia deportiva que, cuando la intensidad del esfuerzo no supera el 35% de la VO2max, las mujeres pueden soportarlo con facilidad durante algunas horas, aunque la temperatura ambiental se eleve por encima de los 45ºC, siempre que el grado de humedad sea bajo.
No está claro cuál es la
respuesta de las glándulas sudoríparas al estrés térmico en las mujeres
entrenadas, aunque la tendencia actual es a considerarla similar a la de los
hombres. La opinión de Avellini y sus asociados es que las mujeres entrenadas
tienen más ventajas en los ambientes calurosos y húmedos que los hombres,
desde el momento que ellas pueden realizar el mismo trabajo con menos pérdida
de líquido y menor gasto fisiológico.
La capacidad aeróbica
Como sucedía con la fuerza, la capacidad aeróbica (VO2) del hombre es superior a la de la mujer en un 33%, cuando se refiere al peso total del cuerpo, pero es mucho menor (17%) cuando la relación se establece con el peso magro, según han señalado el Dr. Macnab y sus colaboradores. Incluso existen autores, como Cureton, quienes aseguran que las diferencias observadas se deben más al entrenamiento llevado a cabo (95%) que al factor sexual (5%). Las causas que podrían explicar dichas diferencias serían la menor talla y peso de la mujer, así como la de los órganos implicados en el mantenimiento de la capacidad aeróbica: corazón y pulmones, lo que daría lugar a la disminución de los volúmenes funcionales de ambos órganos (volumen sistólico y capacidad vital).
En la actualidad sabemos que los beneficios obtenidos mediante el entrenamiento aeróbico en las mujeres es idéntico al conseguido por los hombres, en lo referente al aumento de la VO2max, al volumen ventilatorio, al pulso de oxígeno y a la capacidad para llevar a cabo un trabajo submáximo, estando relacionadas las variaciones observadas con el tiempo dedicado al programa, la intensidad del ejercicio y la frecuencia de realización. En el caso de que mujeres y hombres entrenen juntos las respuestas conseguidas son totalmente comparables, como ha señalado el Dr. Eddy.
Fuente:
Salud Digital.
España
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