Rafael Nadal se coronó campeón del
Abierto de los Estados Unidos tras vencer en la noche del lunes al serbio
Novak Djokovic por 6-2, 5-7, 6-4, 6-2 en 3 horas y 43 minutos de lucha.
El español, que obtuvo así por primera
vez el título en Nueva York, completó el preciado cuarteto de Grans Slam tras
triunfar en Roland Garros (5), Wimbledon (2) y el Abierto de Australia. Con
solo 24 años, el balear que también lograra el oro olímpico y tres Copas
Davis, entró en el selecto grupo de los siete magníficos que han ganado en las
cuatro grandes pruebas. Donald Budge, Fred Perry, Roy Emerson, Rod Laver,
Andre Agassi, Roger Federer preceden al manacorí, que además se convirtió en
el tenista más joven en hacerlo de la Era Open en y en tercero de la
historia total tras Donald Budge, con 22 años y 357 días y Rod Laver, con 24
años y 32 días, solo 69 días más joven que el mallorquín.
Nadal es el cuarto tenista español en
ganar el US Open, tras lograrlo en el pasado siglo, Manuel Santana, Manuel
Orantes y Arantxa Sánchez Vicario.
La gesta además se engalana al ser esta
conquista su tercera consecutiva de Gran Slam tras ganar en Roland Garros y
Wimbledon este año.
Nadal con un desempeño categórico,
redujo a un gran rival, imponiendo un juego por momentos superlativo y que no
dejó dudas de su incontrastable andar en una final que debió interrumpirse
casi dos horas por lluvia pero que al volver al ruedo el español dejó asentado
el porqué ha sido el mejor de la temporada.
En el primer set, de comienzo electrizante,
el español logró quebrar de entrada y la lidia se hizo vivaz y con brillantes
resoluciones. La gran velocidad impuesta por ambos parecía de nunca acabar y
la contienda coqueteaba con la espectacularidad.
El serbio recuperó rotura en el cuarto
juego, tras manar larga una derecha del manacorí. Mas al juego siguiente, tras
salvar cuatro bolas de break, el balcánico no pudo con la quinta y Nadal logró
otro quiebre con terrible zurdazo en paralelo. Con esfuerzo y dedicación, el
serbio trató de cambiar el curso del set pero no pudo. Nadal sacó firme y ganó
la manga por 6-4.
En el segundo set, el serbio quebró en el
cuarto juego, y tras ganar su saque se situó 4-1. Pero, Djokovic, con algunas
fallas en su derecha, dejó resurgir al balear que quebró en el séptimo juego
con un fantástico revés paralelo. Tras empatar en 4, el español presionaba
sobre el saque del serbio cuando servía 30-30. Entonces la lluvia, tal cual se
había anunciado horas antes, interrumpió el juego por dos horas.
A las ocho de la noche se retomó la acción,
y Djokovic tras colocarse 5-4 con trabajo, en el duodécimo juego aprovechó una
falla de revés del español, y logró bola de manga. Una gran derecha dio a
Djokovic el segundo set por 7-5.
El tercer set, muy igualado, fue la
consolidación del español y el constante escapismo del serbio. Nadal le apuntó
impiadoso y el tercer juego fue un suplicio para el belgradense que pendiendo
de un hilo de la punta del Empire State intentaba ser equilibrista para colmo
con el manual en su mano izquierda. Djokovic salvó angustiosamente dos
pelotas de rompimiento pero al fallar un revés dio otro punto de quiebre al
manacorí. Un grueso error del serbio con su derecha cruzada dio nuevo quiebre
al español, 2-1. La derecha cruzada, cuando el balcánico debió exigirla, le
flameó demasiado y a sabiendas de que Nadal iba a por todas la presión anímica
fue insostenible. La inmensa convicción del español le aseguró siempre el
éxito. Con juego agresivo, llevando a su rival hacia atrás, el mallorquín
imperó y dictó proclamas de máxima pena al belgradense. Enfiestado en azares y
espinos de tiros, Nadal cautivó a la afición e hirió una y otra vez al rival
en retirada.

En el quinto juego Djokovic, apeló a
milagros de Lázaro y multiplicación de breaks. Nole salvó con drama otras tres
instancias de rotura. Nadal, arrojo y enojo. Nadal, pétreo y artero. Nadal en
el séptimo en vilo, y Djokovic salvando otras cinco bolas de rotura. Luego, el
gran balear, con 5-3, remontó un 0-30 para colocarse con punto de set. Un buen
saque dio a Nadal el tercer parcial por 6-4.
El servicio fue una de las claves y
diferencia manifiesta en el partido. El serbio no tuvo la holgura de primeros
saques templados que sí tuvo y muchos el español. Nadal sacó como nunca antes
en este certamen. Fornidos abiertos, cerrados espiralados, certeros al centro,
un verdadero compendio de servicios que desconcertó al balcánico.
El cuarto set se vislumbraba cómodo para el
español más famoso. Djokovic, ladeándose, prendido en altas velocidades, con
frenos desgastados del ajetreo impuesto por el manacorí, comenzó a curvar su
cuerpo. Como aquellos sabios ancianos que poco les queda, mas que la
satisfacción de haber vivido para haber aprendido y marchan resignados al
lecho final. El serbio mostró sangre, trinchera infectada de errores, garra y
desplante al anonimato. El balcánico, consciente de la superioridad
vecina, veneró algunas respuestas impactantes del español. Luego de salvar
otra bola de quiebre en el primer juego, Djokovic tras insoportable presión
del balear en el tercero, cedió su saque. Ese fue el noveno juego donde el
belgradense estuvo con opciones en contra de rotura. Nadal pese al logro, no
dejó de hostigar a su rival. Su tenis recibió cosmética bien decolorada para
iluminar el Arthur Ashe. No hubo tanto flamenco en su derecha, ni tanta
topspinación en sus bolas. Jugó menos polvero y más como indican nuevas
biblias para el asfalto neoyorquino. Cuando amnésico fue Nadal el de años
atrás, y lo fue en contadas ocasiones, el serbio lo sentenció. Mas el renovado
tenis del español tomó amplia distancia al quebrar en el quinto juego con
Djokovic moqueando y buscando el faro que nunca existió.
El sexto juego, de emoción y puntas de pie,
tuvo a Nadal fervoroso salvando bola de break y a Djokovic como durante todo
el match, intentando...
Tras un passing a los pies y un buen saque,
el manacori se colocó 5-1 y luego Djokovic descontó. El español sirvió, y un
passing a la carrera del manacorí, que nadie esperaba pues era muy tarde, y
lunes, puso a Rafa con bola de match. Y a Djokovic en risa pidiendo el Ojo de
Halcón. El serbio con rostro e no puedo creer lo que ha hecho este chico,
idolatró con su gesto no solo esa jugada sino la increíble faena e su rival.
El balcánico falló y Nadal se fue al piso que era el Cielo.

Lloró nueve lágrimas, una por cada Gran
Slam, se arrodilló y se ungió en las aguas del aplauso. Bautizado por la
multitud que teñía la noche de júbilo, el español abrazó a su vencido. Inmenso
rival de talla ideal. No estuvo el que muchos querían, más quería que el
ganador ganase. Roger advirtió que no vería la final. ¿Le creemos? El jerarca
suizo, desplazado hoy al tercer peldaño había advertido ni bien pisó suelo
neoyorquino, que las pelotas eran desfavorables al mallorquín, que la pista...
que... ¡qué manera entonces de ganar la del español!
No le crean al basiliense, él sabía en lo
más íntimo, que el balear estaba para la final. Ahí estuvo el niño de la
bandana, el del flamenco en derecha siendo zurdo y el de las carreras de
asombro y llegada. Pero por estas horas es el propio Nadal quien no lo cree.
Cúan lejos estaba Nadal un año atrás cuando dormía conectado a máquinas que le
quitaban penurias en sus piernas y pero no le impedían soñar. Mas el español
más famoso, remembró a otro. Aquel que Cervantes, creó para deleite de tantas
generaciones: Quijote. No hubo molinos que quedaran en pie en esta gesta de
casi nueve meses de algodones, en medio de críticas y desesperanzadas
premoniciones. Pero como el caballero de la fina estampa, Nadal con su juego
fue convirtiendo en ladridos aquellos pronósticos de augures decadentes.
Ladraron mientras Nadal cabalgaba. Logró el mejor lugar antes de pisar suelo
americano. Llegó al Uno. Y en tierra extranjera se sacó la pena. No había
llegado nunca a la final en ocho años y allí fue, y allí ganó. Alzó el
plateado trofeo. Sonrisa de plata que vale oro. Llanto de muchos, corazón de
todos.
Camina por entre las gentes mostrando su
gran conquista. Tuvo un sueño. Y el solo hecho de tenerlo le hizo lograrlo en
un suelo siempre esquivo.
Quijote.
"Cuando entenderás Sancho que la sabiduría
no se encuentra en nuestros actos sino en nuestra imaginación".
"Si ahora te escucharan todos los que te
llaman loco, tal vez este mundo sería un lugar mejor".